Lo que perdemos con cada foto de una famosa desnuda – El País.com (España)

Cuando se filtra la imagen de una famosa desnuda, la instantánea recorre Internet como la pólvora. Miles de personas la comparten, cientos de páginas la cuelgan. Hay quien, tras conocer de su existencia, la busca y quien simplemente se topa con ella al abrir Twitter. No se puede eliminar. No hay margen para la reacción. En el momento en el que existe ya es demasiado tarde. A veces se encuentra al culpable pero, ¿qué más da? El mal ya estará hecho. Millones de personas han violado la intimidad de la protagonista de la foto.

Y eso es solo en un nivel técnico. En planos más abstractos, cada foto nueva ayuda a asentar un nuevo ritual cibernético. El público escucha del infame robo, lo asimila como parte de un género de noticias parecidas que han ido saliendo en los últimos años, y reacciona según le parece. Unos se suman al circo público de escandalizarse y otros, a la carrera privada por encontrar las imágenes. Ninguna de estas opciones es grave. O no tanto como la normalización de este tipo de violaciones de la intimidad. Detrás de ella va la cosificación de artistas que, sí, trabajan con su cuerpo pero también con su talento. Y la confirmación de que en el mercado de los desnudos, las menos protegidas son las mujeres. Va, en definitiva, un mundo un poco peor.

El caso que se ha conocido hoy ha sido espectacular. Un hacker ha accedido a un centenar de teléfonos móviles de celebridades. El domingo por la tarde, el pirata en cuestión colgó decenas de fotografías privadas en el foro 4chan de una veintena de famosas, entre otras, las actrices Jennifer Lawrence y Kirsten Dunst o la cantante Ariana Grande.

La protagonista de Los juegos del hambre es, probablemente, la más perjudicada por la filtración ya que sus imágenes, codiciadas desde hacía años, han sido de las más compartidas y comentadas. El hacker ha afirmado que tiene un vídeo explícito y unas 60 imágenes del teléfono de la intérprete que aún no ha publicado. El ladrón también difundió una lista con los nombres de las famosas afectadas, todas mujeres. Entre ellas: Kim Kardashian, Rihanna o Kaley Cuoco la protagonista femenina de Big bang.

Los representantes de Lawrence han confirmado la autenticidad de las imágenes. “Se trata de una violación flagrante de la privacidad", han matizado a la web BuzzFeed. "Nos hemos puesto en contacto con las autoridades y se va a procesar a cualquiera que cuelgue las fotos robadas”. Sin embargo, un portavoz de Ariana Grande ha declarado que sus imágenes son “completamente falsas”. La actriz Mary E. Winstead (Abraham Lincoln cazador de vampiros) reconocía en Twitter que las imágenes que publicaron de ella las había borrado hace tiempo. “A todos aquellos que estáis mirando las fotos que me saqué con mi marido hace años en la intimidad de mi casa, espero que os sintáis genial con vosotros mismos”, ha tuiteado.

Pero sentir culpa, u obligar a los demás a sentirse culpables, nunca ha solucionado nada. No es cuestión de prohibir el visionado de las fotos, ni de imponer o censurar alguna conducta en el público no responsable del robo. Es cuestión de entender al menos el mundo que va naciendo con cada clic y cada filtración. En 2012 el hacker Christopher Chaney fue condenado a diez años de cárcel por filtrar imágenes privadas de Scarlett Johansson y Mila Kunis, entre otras. En aquel momento el asunto fue un cotilleo rayano en el escándalo. Ahora, es una anécdota; un paso más en el camino. La misma que será esta filtración, cabe inferir, cuando suceda lo siguiente. Estas fotos, al y fin y al cabo, se venden y las leyes del mercado imponen que hay que ir a más para cobrar más.

No es un problema solo de famosos. Es un problema de principios. En el incidente de 2012, Johansson proclamó: "Solo por ser actor y hacer películas no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia privacidad". Pero en un mundo que ya intuye hasta dónde puede llegar el espionaje de la NSA, que ya ha sido manipulado por Facebook, y que ya ha cedido el control de que lo sucede en sus dispositivos, el adagio no tardará en ser: "Solo por ser internauta y hacer fotos no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia intimidad". Cada vez que se roba una foto de una famosa desnuda, el valor de nuestra imagen se pierde un poquito más.

A la misma hora en la que ayer el Real Madrid tropezaba en Anoeta, los tuiteros más avezados alertaron de que en 4Chan prometían una tarde histórica: desde el salvaje foro /b/, donde se suben perversiones y rarezas que uno jamás creería, se estaban filtrando imágenes hackeadas de Jennifer Lawrence, Kristen Dunst o Kate Upton, todas ellas en bañador, toples y posturas para mayores de 18 años.

El anónimo que filtraba las fotografías supuestamente pedía a cambio bitcoins y para animar a los congregados anunció que tenía entre 200 y 300 imágenes de celebrities desnudas. No fue difícil convencerlos, pero como señuelo, otro más, publicó un listado con los nombres de todas ellas: Lawrence, Ariana Grande, Mary Elizabeth Winstead, Olivia Munn, Brie Larson Kaley Cuocu, Mary-Kate Olsen, Rihanna… Y así comenzó a filtrar según la demanda y según, supuestamente, iba recibiendo bitcoins en su todavía hoy anónima cuenta.

La cadena viral se expandió gracias a la correa de transmisión de Imgur y de ahí saltaron a Reddit. Y a medida que en 4Chan se iban borrando los hilos en los que se posteaban las fotos, los usuarios de esas dos páginas se encargaron de que las imágenes no se perdieran. Del mismo modo, en Forocoches se pusieron las botas replicando cada una de las filtraciones y sobre las ocho de la tarde el clamor era tal que el hilo en Twitter acerca de este estremecedor incidente explotó: una hora más tarde un usuario que dijo de ser de TMZ apareció en el foro tratando de comprar las imágenes y desde la plataforma se propuso un crowdfunding para que esas imágenes se filtraran sólo por 4Chan. Ni qué decir que la iniciativa tuvo un éxito inmediato y el hacker reunió en minutos los 50.000 dólares que pedía.

El asunto, sin embargo, no quedó ahí zanjado. Mientras en Reddit se eliminaron las imágenes más comprometidas –muchos lamentaron que un site que condena el espionaje de la NSA hiciera la vista gorda con fotografías robadas–, en 4Chan aparecieron las imágenes de Lawrence como Dios la trajo al mundo. Y también las primeras declaraciones: Victoria Justice negó desde su cuenta de Twitter que fuera ella la protagonista de esas imágenes, pero Mary Elizabeth Winstead sí reconoció que las fotos no sólo eran suyas, sino que las había eliminado de su dispositivo mucho tiempo atrás. Tras la cena, el celebgate llegó a su clímax cuando cayó por un momento 4Chan al convertirse Jennifer Lawrence, muy a su pesar, en trending topic mundial, y esta mañana las imágenes robadas titulaban los diarios de medio mundo. A cierre de estas líneas, el hilo del celebgate de 4Chan sigue vivo y lleva ya más de 5,6 millones de comentarios.

Lo que perdemos con cada foto de una famosa desnuda – El País.com (España)

Cuando se filtra la imagen de una famosa desnuda, la instantánea recorre Internet como la pólvora. Miles de personas la comparten, cientos de páginas la cuelgan. Hay quien, tras conocer de su existencia, la busca y quien simplemente se topa con ella al abrir Twitter. No se puede eliminar. No hay margen para la reacción. En el momento en el que existe ya es demasiado tarde. A veces se encuentra al culpable pero, ¿qué más da? El mal ya estará hecho. Millones de personas han violado la intimidad de la protagonista de la foto.

Y eso es solo en un nivel técnico. En planos más abstractos, cada foto nueva ayuda a asentar un nuevo ritual cibernético. El público escucha del infame robo, lo asimila como parte de un género de noticias parecidas que han ido saliendo en los últimos años, y reacciona según le parece. Unos se suman al circo público de escandalizarse y otros, a la carrera privada por encontrar las imágenes. Ninguna de estas opciones es grave. O no tanto como la normalización de este tipo de violaciones de la intimidad. Detrás de ella va la cosificación de artistas que, sí, trabajan con su cuerpo pero también con su talento. Y la confirmación de que en el mercado de los desnudos, las menos protegidas son las mujeres. Va, en definitiva, un mundo un poco peor.

El caso que se ha conocido hoy ha sido espectacular. Un hacker ha accedido a un centenar de teléfonos móviles de celebridades. El domingo por la tarde, el pirata en cuestión colgó decenas de fotografías privadas en el foro 4chan de una veintena de famosas, entre otras, las actrices Jennifer Lawrence y Kirsten Dunst o la cantante Ariana Grande.

La protagonista de Los juegos del hambre es, probablemente, la más perjudicada por la filtración ya que sus imágenes, codiciadas desde hacía años, han sido de las más compartidas y comentadas. El hacker ha afirmado que tiene un vídeo explícito y unas 60 imágenes del teléfono de la intérprete que aún no ha publicado. El ladrón también difundió una lista con los nombres de las famosas afectadas, todas mujeres. Entre ellas: Kim Kardashian, Rihanna o Kaley Cuoco la protagonista femenina de Big bang.

Los representantes de Lawrence han confirmado la autenticidad de las imágenes. “Se trata de una violación flagrante de la privacidad", han matizado a la web BuzzFeed. "Nos hemos puesto en contacto con las autoridades y se va a procesar a cualquiera que cuelgue las fotos robadas”. Sin embargo, un portavoz de Ariana Grande ha declarado que sus imágenes son “completamente falsas”. La actriz Mary E. Winstead (Abraham Lincoln cazador de vampiros) reconocía en Twitter que las imágenes que publicaron de ella las había borrado hace tiempo. “A todos aquellos que estáis mirando las fotos que me saqué con mi marido hace años en la intimidad de mi casa, espero que os sintáis genial con vosotros mismos”, ha tuiteado.

Pero sentir culpa, u obligar a los demás a sentirse culpables, nunca ha solucionado nada. No es cuestión de prohibir el visionado de las fotos, ni de imponer o censurar alguna conducta en el público no responsable del robo. Es cuestión de entender al menos el mundo que va naciendo con cada clic y cada filtración. En 2012 el hacker Christopher Chaney fue condenado a diez años de cárcel por filtrar imágenes privadas de Scarlett Johansson y Mila Kunis, entre otras. En aquel momento el asunto fue un cotilleo rayano en el escándalo. Ahora, es una anécdota; un paso más en el camino. La misma que será esta filtración, cabe inferir, cuando suceda lo siguiente. Estas fotos, al y fin y al cabo, se venden y las leyes del mercado imponen que hay que ir a más para cobrar más.

No es un problema solo de famosos. Es un problema de principios. En el incidente de 2012, Johansson proclamó: "Solo por ser actor y hacer películas no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia privacidad". Pero en un mundo que ya intuye hasta dónde puede llegar el espionaje de la NSA, que ya ha sido manipulado por Facebook, y que ya ha cedido el control de que lo sucede en sus dispositivos, el adagio no tardará en ser: "Solo por ser internauta y hacer fotos no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia intimidad". Cada vez que se roba una foto de una famosa desnuda, el valor de nuestra imagen se pierde un poquito más.

A la misma hora en la que ayer el Real Madrid tropezaba en Anoeta, los tuiteros más avezados alertaron de que en 4Chan prometían una tarde histórica: desde el salvaje foro /b/, donde se suben perversiones y rarezas que uno jamás creería, se estaban filtrando imágenes hackeadas de Jennifer Lawrence, Kristen Dunst o Kate Upton, todas ellas en bañador, toples y posturas para mayores de 18 años.

El anónimo que filtraba las fotografías supuestamente pedía a cambio bitcoins y para animar a los congregados anunció que tenía entre 200 y 300 imágenes de celebrities desnudas. No fue difícil convencerlos, pero como señuelo, otro más, publicó un listado con los nombres de todas ellas: Lawrence, Ariana Grande, Mary Elizabeth Winstead, Olivia Munn, Brie Larson Kaley Cuocu, Mary-Kate Olsen, Rihanna… Y así comenzó a filtrar según la demanda y según, supuestamente, iba recibiendo bitcoins en su todavía hoy anónima cuenta.

La cadena viral se expandió gracias a la correa de transmisión de Imgur y de ahí saltaron a Reddit. Y a medida que en 4Chan se iban borrando los hilos en los que se posteaban las fotos, los usuarios de esas dos páginas se encargaron de que las imágenes no se perdieran. Del mismo modo, en Forocoches se pusieron las botas replicando cada una de las filtraciones y sobre las ocho de la tarde el clamor era tal que el hilo en Twitter acerca de este estremecedor incidente explotó: una hora más tarde un usuario que dijo de ser de TMZ apareció en el foro tratando de comprar las imágenes y desde la plataforma se propuso un crowdfunding para que esas imágenes se filtraran sólo por 4Chan. Ni qué decir que la iniciativa tuvo un éxito inmediato y el hacker reunió en minutos los 50.000 dólares que pedía.

El asunto, sin embargo, no quedó ahí zanjado. Mientras en Reddit se eliminaron las imágenes más comprometidas –muchos lamentaron que un site que condena el espionaje de la NSA hiciera la vista gorda con fotografías robadas–, en 4Chan aparecieron las imágenes de Lawrence como Dios la trajo al mundo. Y también las primeras declaraciones: Victoria Justice negó desde su cuenta de Twitter que fuera ella la protagonista de esas imágenes, pero Mary Elizabeth Winstead sí reconoció que las fotos no sólo eran suyas, sino que las había eliminado de su dispositivo mucho tiempo atrás. Tras la cena, el celebgate llegó a su clímax cuando cayó por un momento 4Chan al convertirse Jennifer Lawrence, muy a su pesar, en trending topic mundial, y esta mañana las imágenes robadas titulaban los diarios de medio mundo. A cierre de estas líneas, el hilo del celebgate de 4Chan sigue vivo y lleva ya más de 5,6 millones de comentarios.

Lo que perdemos con cada foto de una famosa desnuda – El País.com (España)

Cuando se filtra la imagen de una famosa desnuda, la instantánea recorre Internet como la pólvora. Miles de personas la comparten, cientos de páginas la cuelgan. Hay quien, tras conocer de su existencia, la busca y quien simplemente se topa con ella al abrir Twitter. No se puede eliminar. No hay margen para la reacción. En el momento en el que existe ya es demasiado tarde. A veces se encuentra al culpable pero, ¿qué más da? El mal ya estará hecho. Millones de personas han violado la intimidad de la protagonista de la foto.

Y eso es solo en un nivel técnico. En planos más abstractos, cada foto nueva ayuda a asentar un nuevo ritual cibernético. El público escucha del infame robo, lo asimila como parte de un género de noticias parecidas que han ido saliendo en los últimos años, y reacciona según le parece. Unos se suman al circo público de escandalizarse y otros, a la carrera privada por encontrar las imágenes. Ninguna de estas opciones es grave. O no tanto como la normalización de este tipo de violaciones de la intimidad. Detrás de ella va la cosificación de artistas que, sí, trabajan con su cuerpo pero también con su talento. Y la confirmación de que en el mercado de los desnudos, las menos protegidas son las mujeres. Va, en definitiva, un mundo un poco peor.

El caso que se ha conocido hoy ha sido espectacular. Un hacker ha accedido a un centenar de teléfonos móviles de celebridades. El domingo por la tarde, el pirata en cuestión colgó decenas de fotografías privadas en el foro 4chan de una veintena de famosas, entre otras, las actrices Jennifer Lawrence y Kirsten Dunst o la cantante Ariana Grande.

La protagonista de Los juegos del hambre es, probablemente, la más perjudicada por la filtración ya que sus imágenes, codiciadas desde hacía años, han sido de las más compartidas y comentadas. El hacker ha afirmado que tiene un vídeo explícito y unas 60 imágenes del teléfono de la intérprete que aún no ha publicado. El ladrón también difundió una lista con los nombres de las famosas afectadas, todas mujeres. Entre ellas: Kim Kardashian, Rihanna o Kaley Cuoco la protagonista femenina de Big bang.

Los representantes de Lawrence han confirmado la autenticidad de las imágenes. “Se trata de una violación flagrante de la privacidad", han matizado a la web BuzzFeed. "Nos hemos puesto en contacto con las autoridades y se va a procesar a cualquiera que cuelgue las fotos robadas”. Sin embargo, un portavoz de Ariana Grande ha declarado que sus imágenes son “completamente falsas”. La actriz Mary E. Winstead (Abraham Lincoln cazador de vampiros) reconocía en Twitter que las imágenes que publicaron de ella las había borrado hace tiempo. “A todos aquellos que estáis mirando las fotos que me saqué con mi marido hace años en la intimidad de mi casa, espero que os sintáis genial con vosotros mismos”, ha tuiteado.

Pero sentir culpa, u obligar a los demás a sentirse culpables, nunca ha solucionado nada. No es cuestión de prohibir el visionado de las fotos, ni de imponer o censurar alguna conducta en el público no responsable del robo. Es cuestión de entender al menos el mundo que va naciendo con cada clic y cada filtración. En 2012 el hacker Christopher Chaney fue condenado a diez años de cárcel por filtrar imágenes privadas de Scarlett Johansson y Mila Kunis, entre otras. En aquel momento el asunto fue un cotilleo rayano en el escándalo. Ahora, es una anécdota; un paso más en el camino. La misma que será esta filtración, cabe inferir, cuando suceda lo siguiente. Estas fotos, al y fin y al cabo, se venden y las leyes del mercado imponen que hay que ir a más para cobrar más.

No es un problema solo de famosos. Es un problema de principios. En el incidente de 2012, Johansson proclamó: "Solo por ser actor y hacer películas no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia privacidad". Pero en un mundo que ya intuye hasta dónde puede llegar el espionaje de la NSA, que ya ha sido manipulado por Facebook, y que ya ha cedido el control de que lo sucede en sus dispositivos, el adagio no tardará en ser: "Solo por ser internauta y hacer fotos no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia intimidad". Cada vez que se roba una foto de una famosa desnuda, el valor de nuestra imagen se pierde un poquito más.

A la misma hora en la que ayer el Real Madrid tropezaba en Anoeta, los tuiteros más avezados alertaron de que en 4Chan prometían una tarde histórica: desde el salvaje foro /b/, donde se suben perversiones y rarezas que uno jamás creería, se estaban filtrando imágenes hackeadas de Jennifer Lawrence, Kristen Dunst o Kate Upton, todas ellas en bañador, toples y posturas para mayores de 18 años.

El anónimo que filtraba las fotografías supuestamente pedía a cambio bitcoins y para animar a los congregados anunció que tenía entre 200 y 300 imágenes de celebrities desnudas. No fue difícil convencerlos, pero como señuelo, otro más, publicó un listado con los nombres de todas ellas: Lawrence, Ariana Grande, Mary Elizabeth Winstead, Olivia Munn, Brie Larson Kaley Cuocu, Mary-Kate Olsen, Rihanna… Y así comenzó a filtrar según la demanda y según, supuestamente, iba recibiendo bitcoins en su todavía hoy anónima cuenta.

La cadena viral se expandió gracias a la correa de transmisión de Imgur y de ahí saltaron a Reddit. Y a medida que en 4Chan se iban borrando los hilos en los que se posteaban las fotos, los usuarios de esas dos páginas se encargaron de que las imágenes no se perdieran. Del mismo modo, en Forocoches se pusieron las botas replicando cada una de las filtraciones y sobre las ocho de la tarde el clamor era tal que el hilo en Twitter acerca de este estremecedor incidente explotó: una hora más tarde un usuario que dijo de ser de TMZ apareció en el foro tratando de comprar las imágenes y desde la plataforma se propuso un crowdfunding para que esas imágenes se filtraran sólo por 4Chan. Ni qué decir que la iniciativa tuvo un éxito inmediato y el hacker reunió en minutos los 50.000 dólares que pedía.

El asunto, sin embargo, no quedó ahí zanjado. Mientras en Reddit se eliminaron las imágenes más comprometidas –muchos lamentaron que un site que condena el espionaje de la NSA hiciera la vista gorda con fotografías robadas–, en 4Chan aparecieron las imágenes de Lawrence como Dios la trajo al mundo. Y también las primeras declaraciones: Victoria Justice negó desde su cuenta de Twitter que fuera ella la protagonista de esas imágenes, pero Mary Elizabeth Winstead sí reconoció que las fotos no sólo eran suyas, sino que las había eliminado de su dispositivo mucho tiempo atrás. Tras la cena, el celebgate llegó a su clímax cuando cayó por un momento 4Chan al convertirse Jennifer Lawrence, muy a su pesar, en trending topic mundial, y esta mañana las imágenes robadas titulaban los diarios de medio mundo. A cierre de estas líneas, el hilo del celebgate de 4Chan sigue vivo y lleva ya más de 5,6 millones de comentarios.

Lo que perdemos con cada foto de una famosa desnuda – El País.com (España)

Cuando se filtra la imagen de una famosa desnuda, la instantánea recorre Internet como la pólvora. Miles de personas la comparten, cientos de páginas la cuelgan. Hay quien, tras conocer de su existencia, la busca y quien simplemente se topa con ella al abrir Twitter. No se puede eliminar. No hay margen para la reacción. En el momento en el que existe ya es demasiado tarde. A veces se encuentra al culpable pero, ¿qué más da? El mal ya estará hecho. Millones de personas han violado la intimidad de la protagonista de la foto.

Y eso es solo en un nivel técnico. En planos más abstractos, cada foto nueva ayuda a asentar un nuevo ritual cibernético. El público escucha del infame robo, lo asimila como parte de un género de noticias parecidas que han ido saliendo en los últimos años, y reacciona según le parece. Unos se suman al circo público de escandalizarse y otros, a la carrera privada por encontrar las imágenes. Ninguna de estas opciones es grave. O no tanto como la normalización de este tipo de violaciones de la intimidad. Detrás de ella va la cosificación de artistas que, sí, trabajan con su cuerpo pero también con su talento. Y la confirmación de que en el mercado de los desnudos, las menos protegidas son las mujeres. Va, en definitiva, un mundo un poco peor.

El caso que se ha conocido hoy ha sido espectacular. Un hacker ha accedido a un centenar de teléfonos móviles de celebridades. El domingo por la tarde, el pirata en cuestión colgó decenas de fotografías privadas en el foro 4chan de una veintena de famosas, entre otras, las actrices Jennifer Lawrence y Kirsten Dunst o la cantante Ariana Grande.

La protagonista de Los juegos del hambre es, probablemente, la más perjudicada por la filtración ya que sus imágenes, codiciadas desde hacía años, han sido de las más compartidas y comentadas. El hacker ha afirmado que tiene un vídeo explícito y unas 60 imágenes del teléfono de la intérprete que aún no ha publicado. El ladrón también difundió una lista con los nombres de las famosas afectadas, todas mujeres. Entre ellas: Kim Kardashian, Rihanna o Kaley Cuoco la protagonista femenina de Big bang.

Los representantes de Lawrence han confirmado la autenticidad de las imágenes. “Se trata de una violación flagrante de la privacidad", han matizado a la web BuzzFeed. "Nos hemos puesto en contacto con las autoridades y se va a procesar a cualquiera que cuelgue las fotos robadas”. Sin embargo, un portavoz de Ariana Grande ha declarado que sus imágenes son “completamente falsas”. La actriz Mary E. Winstead (Abraham Lincoln cazador de vampiros) reconocía en Twitter que las imágenes que publicaron de ella las había borrado hace tiempo. “A todos aquellos que estáis mirando las fotos que me saqué con mi marido hace años en la intimidad de mi casa, espero que os sintáis genial con vosotros mismos”, ha tuiteado.

Pero sentir culpa, u obligar a los demás a sentirse culpables, nunca ha solucionado nada. No es cuestión de prohibir el visionado de las fotos, ni de imponer o censurar alguna conducta en el público no responsable del robo. Es cuestión de entender al menos el mundo que va naciendo con cada clic y cada filtración. En 2012 el hacker Christopher Chaney fue condenado a diez años de cárcel por filtrar imágenes privadas de Scarlett Johansson y Mila Kunis, entre otras. En aquel momento el asunto fue un cotilleo rayano en el escándalo. Ahora, es una anécdota; un paso más en el camino. La misma que será esta filtración, cabe inferir, cuando suceda lo siguiente. Estas fotos, al y fin y al cabo, se venden y las leyes del mercado imponen que hay que ir a más para cobrar más.

No es un problema solo de famosos. Es un problema de principios. En el incidente de 2012, Johansson proclamó: "Solo por ser actor y hacer películas no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia privacidad". Pero en un mundo que ya intuye hasta dónde puede llegar el espionaje de la NSA, que ya ha sido manipulado por Facebook, y que ya ha cedido el control de que lo sucede en sus dispositivos, el adagio no tardará en ser: "Solo por ser internauta y hacer fotos no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia intimidad". Cada vez que se roba una foto de una famosa desnuda, el valor de nuestra imagen se pierde un poquito más.

A la misma hora en la que ayer el Real Madrid tropezaba en Anoeta, los tuiteros más avezados alertaron de que en 4Chan prometían una tarde histórica: desde el salvaje foro /b/, donde se suben perversiones y rarezas que uno jamás creería, se estaban filtrando imágenes hackeadas de Jennifer Lawrence, Kristen Dunst o Kate Upton, todas ellas en bañador, toples y posturas para mayores de 18 años.

El anónimo que filtraba las fotografías supuestamente pedía a cambio bitcoins y para animar a los congregados anunció que tenía entre 200 y 300 imágenes de celebrities desnudas. No fue difícil convencerlos, pero como señuelo, otro más, publicó un listado con los nombres de todas ellas: Lawrence, Ariana Grande, Mary Elizabeth Winstead, Olivia Munn, Brie Larson Kaley Cuocu, Mary-Kate Olsen, Rihanna… Y así comenzó a filtrar según la demanda y según, supuestamente, iba recibiendo bitcoins en su todavía hoy anónima cuenta.

La cadena viral se expandió gracias a la correa de transmisión de Imgur y de ahí saltaron a Reddit. Y a medida que en 4Chan se iban borrando los hilos en los que se posteaban las fotos, los usuarios de esas dos páginas se encargaron de que las imágenes no se perdieran. Del mismo modo, en Forocoches se pusieron las botas replicando cada una de las filtraciones y sobre las ocho de la tarde el clamor era tal que el hilo en Twitter acerca de este estremecedor incidente explotó: una hora más tarde un usuario que dijo de ser de TMZ apareció en el foro tratando de comprar las imágenes y desde la plataforma se propuso un crowdfunding para que esas imágenes se filtraran sólo por 4Chan. Ni qué decir que la iniciativa tuvo un éxito inmediato y el hacker reunió en minutos los 50.000 dólares que pedía.

El asunto, sin embargo, no quedó ahí zanjado. Mientras en Reddit se eliminaron las imágenes más comprometidas –muchos lamentaron que un site que condena el espionaje de la NSA hiciera la vista gorda con fotografías robadas–, en 4Chan aparecieron las imágenes de Lawrence como Dios la trajo al mundo. Y también las primeras declaraciones: Victoria Justice negó desde su cuenta de Twitter que fuera ella la protagonista de esas imágenes, pero Mary Elizabeth Winstead sí reconoció que las fotos no sólo eran suyas, sino que las había eliminado de su dispositivo mucho tiempo atrás. Tras la cena, el celebgate llegó a su clímax cuando cayó por un momento 4Chan al convertirse Jennifer Lawrence, muy a su pesar, en trending topic mundial, y esta mañana las imágenes robadas titulaban los diarios de medio mundo. A cierre de estas líneas, el hilo del celebgate de 4Chan sigue vivo y lleva ya más de 5,6 millones de comentarios.

Lo que perdemos con cada foto de una famosa desnuda – El País.com (España)

Cuando se filtra la imagen de una famosa desnuda, la instantánea recorre Internet como la pólvora. Miles de personas la comparten, cientos de páginas la cuelgan. Hay quien, tras conocer de su existencia, la busca y quien simplemente se topa con ella al abrir Twitter. No se puede eliminar. No hay margen para la reacción. En el momento en el que existe ya es demasiado tarde. A veces se encuentra al culpable pero, ¿qué más da? El mal ya estará hecho. Millones de personas han violado la intimidad de la protagonista de la foto.

Y eso es solo en un nivel técnico. En planos más abstractos, cada foto nueva ayuda a asentar un nuevo ritual cibernético. El público escucha del infame robo, lo asimila como parte de un género de noticias parecidas que han ido saliendo en los últimos años, y reacciona según le parece. Unos se suman al circo público de escandalizarse y otros, a la carrera privada por encontrar las imágenes. Ninguna de estas opciones es grave. O no tanto como la normalización de este tipo de violaciones de la intimidad. Detrás de ella va la cosificación de artistas que, sí, trabajan con su cuerpo pero también con su talento. Y la confirmación de que en el mercado de los desnudos, las menos protegidas son las mujeres. Va, en definitiva, un mundo un poco peor.

El caso que se ha conocido hoy ha sido espectacular. Un hacker ha accedido a un centenar de teléfonos móviles de celebridades. El domingo por la tarde, el pirata en cuestión colgó decenas de fotografías privadas en el foro 4chan de una veintena de famosas, entre otras, las actrices Jennifer Lawrence y Kirsten Dunst o la cantante Ariana Grande.

La protagonista de Los juegos del hambre es, probablemente, la más perjudicada por la filtración ya que sus imágenes, codiciadas desde hacía años, han sido de las más compartidas y comentadas. El hacker ha afirmado que tiene un vídeo explícito y unas 60 imágenes del teléfono de la intérprete que aún no ha publicado. El ladrón también difundió una lista con los nombres de las famosas afectadas, todas mujeres. Entre ellas: Kim Kardashian, Rihanna o Kaley Cuoco la protagonista femenina de Big bang.

Los representantes de Lawrence han confirmado la autenticidad de las imágenes. “Se trata de una violación flagrante de la privacidad", han matizado a la web BuzzFeed. "Nos hemos puesto en contacto con las autoridades y se va a procesar a cualquiera que cuelgue las fotos robadas”. Sin embargo, un portavoz de Ariana Grande ha declarado que sus imágenes son “completamente falsas”. La actriz Mary E. Winstead (Abraham Lincoln cazador de vampiros) reconocía en Twitter que las imágenes que publicaron de ella las había borrado hace tiempo. “A todos aquellos que estáis mirando las fotos que me saqué con mi marido hace años en la intimidad de mi casa, espero que os sintáis genial con vosotros mismos”, ha tuiteado.

Pero sentir culpa, u obligar a los demás a sentirse culpables, nunca ha solucionado nada. No es cuestión de prohibir el visionado de las fotos, ni de imponer o censurar alguna conducta en el público no responsable del robo. Es cuestión de entender al menos el mundo que va naciendo con cada clic y cada filtración. En 2012 el hacker Christopher Chaney fue condenado a diez años de cárcel por filtrar imágenes privadas de Scarlett Johansson y Mila Kunis, entre otras. En aquel momento el asunto fue un cotilleo rayano en el escándalo. Ahora, es una anécdota; un paso más en el camino. La misma que será esta filtración, cabe inferir, cuando suceda lo siguiente. Estas fotos, al y fin y al cabo, se venden y las leyes del mercado imponen que hay que ir a más para cobrar más.

No es un problema solo de famosos. Es un problema de principios. En el incidente de 2012, Johansson proclamó: "Solo por ser actor y hacer películas no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia privacidad". Pero en un mundo que ya intuye hasta dónde puede llegar el espionaje de la NSA, que ya ha sido manipulado por Facebook, y que ya ha cedido el control de que lo sucede en sus dispositivos, el adagio no tardará en ser: "Solo por ser internauta y hacer fotos no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia intimidad". Cada vez que se roba una foto de una famosa desnuda, el valor de nuestra imagen se pierde un poquito más.

A la misma hora en la que ayer el Real Madrid tropezaba en Anoeta, los tuiteros más avezados alertaron de que en 4Chan prometían una tarde histórica: desde el salvaje foro /b/, donde se suben perversiones y rarezas que uno jamás creería, se estaban filtrando imágenes hackeadas de Jennifer Lawrence, Kristen Dunst o Kate Upton, todas ellas en bañador, toples y posturas para mayores de 18 años.

El anónimo que filtraba las fotografías supuestamente pedía a cambio bitcoins y para animar a los congregados anunció que tenía entre 200 y 300 imágenes de celebrities desnudas. No fue difícil convencerlos, pero como señuelo, otro más, publicó un listado con los nombres de todas ellas: Lawrence, Ariana Grande, Mary Elizabeth Winstead, Olivia Munn, Brie Larson Kaley Cuocu, Mary-Kate Olsen, Rihanna… Y así comenzó a filtrar según la demanda y según, supuestamente, iba recibiendo bitcoins en su todavía hoy anónima cuenta.

La cadena viral se expandió gracias a la correa de transmisión de Imgur y de ahí saltaron a Reddit. Y a medida que en 4Chan se iban borrando los hilos en los que se posteaban las fotos, los usuarios de esas dos páginas se encargaron de que las imágenes no se perdieran. Del mismo modo, en Forocoches se pusieron las botas replicando cada una de las filtraciones y sobre las ocho de la tarde el clamor era tal que el hilo en Twitter acerca de este estremecedor incidente explotó: una hora más tarde un usuario que dijo de ser de TMZ apareció en el foro tratando de comprar las imágenes y desde la plataforma se propuso un crowdfunding para que esas imágenes se filtraran sólo por 4Chan. Ni qué decir que la iniciativa tuvo un éxito inmediato y el hacker reunió en minutos los 50.000 dólares que pedía.

El asunto, sin embargo, no quedó ahí zanjado. Mientras en Reddit se eliminaron las imágenes más comprometidas –muchos lamentaron que un site que condena el espionaje de la NSA hiciera la vista gorda con fotografías robadas–, en 4Chan aparecieron las imágenes de Lawrence como Dios la trajo al mundo. Y también las primeras declaraciones: Victoria Justice negó desde su cuenta de Twitter que fuera ella la protagonista de esas imágenes, pero Mary Elizabeth Winstead sí reconoció que las fotos no sólo eran suyas, sino que las había eliminado de su dispositivo mucho tiempo atrás. Tras la cena, el celebgate llegó a su clímax cuando cayó por un momento 4Chan al convertirse Jennifer Lawrence, muy a su pesar, en trending topic mundial, y esta mañana las imágenes robadas titulaban los diarios de medio mundo. A cierre de estas líneas, el hilo del celebgate de 4Chan sigue vivo y lleva ya más de 5,6 millones de comentarios.

Lo que perdemos con cada foto de una famosa desnuda – El País.com (España)

Cuando se filtra la imagen de una famosa desnuda, la instantánea recorre Internet como la pólvora. Miles de personas la comparten, cientos de páginas la cuelgan. Hay quien, tras conocer de su existencia, la busca y quien simplemente se topa con ella al abrir Twitter. No se puede eliminar. No hay margen para la reacción. En el momento en el que existe ya es demasiado tarde. A veces se encuentra al culpable pero, ¿qué más da? El mal ya estará hecho. Millones de personas han violado la intimidad de la protagonista de la foto.

Y eso es solo en un nivel técnico. En planos más abstractos, cada foto nueva ayuda a asentar un nuevo ritual cibernético. El público escucha del infame robo, lo asimila como parte de un género de noticias parecidas que han ido saliendo en los últimos años, y reacciona según le parece. Unos se suman al circo público de escandalizarse y otros, a la carrera privada por encontrar las imágenes. Ninguna de estas opciones es grave. O no tanto como la normalización de este tipo de violaciones de la intimidad. Detrás de ella va la cosificación de artistas que, sí, trabajan con su cuerpo pero también con su talento. Y la confirmación de que en el mercado de los desnudos, las menos protegidas son las mujeres. Va, en definitiva, un mundo un poco peor.

El caso que se ha conocido hoy ha sido espectacular. Un hacker ha accedido a un centenar de teléfonos móviles de celebridades. El domingo por la tarde, el pirata en cuestión colgó decenas de fotografías privadas en el foro 4chan de una veintena de famosas, entre otras, las actrices Jennifer Lawrence y Kirsten Dunst o la cantante Ariana Grande.

La protagonista de Los juegos del hambre es, probablemente, la más perjudicada por la filtración ya que sus imágenes, codiciadas desde hacía años, han sido de las más compartidas y comentadas. El hacker ha afirmado que tiene un vídeo explícito y unas 60 imágenes del teléfono de la intérprete que aún no ha publicado. El ladrón también difundió una lista con los nombres de las famosas afectadas, todas mujeres. Entre ellas: Kim Kardashian, Rihanna o Kaley Cuoco la protagonista femenina de Big bang.

Los representantes de Lawrence han confirmado la autenticidad de las imágenes. “Se trata de una violación flagrante de la privacidad", han matizado a la web BuzzFeed. "Nos hemos puesto en contacto con las autoridades y se va a procesar a cualquiera que cuelgue las fotos robadas”. Sin embargo, un portavoz de Ariana Grande ha declarado que sus imágenes son “completamente falsas”. La actriz Mary E. Winstead (Abraham Lincoln cazador de vampiros) reconocía en Twitter que las imágenes que publicaron de ella las había borrado hace tiempo. “A todos aquellos que estáis mirando las fotos que me saqué con mi marido hace años en la intimidad de mi casa, espero que os sintáis genial con vosotros mismos”, ha tuiteado.

Pero sentir culpa, u obligar a los demás a sentirse culpables, nunca ha solucionado nada. No es cuestión de prohibir el visionado de las fotos, ni de imponer o censurar alguna conducta en el público no responsable del robo. Es cuestión de entender al menos el mundo que va naciendo con cada clic y cada filtración. En 2012 el hacker Christopher Chaney fue condenado a diez años de cárcel por filtrar imágenes privadas de Scarlett Johansson y Mila Kunis, entre otras. En aquel momento el asunto fue un cotilleo rayano en el escándalo. Ahora, es una anécdota; un paso más en el camino. La misma que será esta filtración, cabe inferir, cuando suceda lo siguiente. Estas fotos, al y fin y al cabo, se venden y las leyes del mercado imponen que hay que ir a más para cobrar más.

No es un problema solo de famosos. Es un problema de principios. En el incidente de 2012, Johansson proclamó: "Solo por ser actor y hacer películas no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia privacidad". Pero en un mundo que ya intuye hasta dónde puede llegar el espionaje de la NSA, que ya ha sido manipulado por Facebook, y que ya ha cedido el control de que lo sucede en sus dispositivos, el adagio no tardará en ser: "Solo por ser internauta y hacer fotos no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia intimidad". Cada vez que se roba una foto de una famosa desnuda, el valor de nuestra imagen se pierde un poquito más.

A la misma hora en la que ayer el Real Madrid tropezaba en Anoeta, los tuiteros más avezados alertaron de que en 4Chan prometían una tarde histórica: desde el salvaje foro /b/, donde se suben perversiones y rarezas que uno jamás creería, se estaban filtrando imágenes hackeadas de Jennifer Lawrence, Kristen Dunst o Kate Upton, todas ellas en bañador, toples y posturas para mayores de 18 años.

El anónimo que filtraba las fotografías supuestamente pedía a cambio bitcoins y para animar a los congregados anunció que tenía entre 200 y 300 imágenes de celebrities desnudas. No fue difícil convencerlos, pero como señuelo, otro más, publicó un listado con los nombres de todas ellas: Lawrence, Ariana Grande, Mary Elizabeth Winstead, Olivia Munn, Brie Larson Kaley Cuocu, Mary-Kate Olsen, Rihanna… Y así comenzó a filtrar según la demanda y según, supuestamente, iba recibiendo bitcoins en su todavía hoy anónima cuenta.

La cadena viral se expandió gracias a la correa de transmisión de Imgur y de ahí saltaron a Reddit. Y a medida que en 4Chan se iban borrando los hilos en los que se posteaban las fotos, los usuarios de esas dos páginas se encargaron de que las imágenes no se perdieran. Del mismo modo, en Forocoches se pusieron las botas replicando cada una de las filtraciones y sobre las ocho de la tarde el clamor era tal que el hilo en Twitter acerca de este estremecedor incidente explotó: una hora más tarde un usuario que dijo de ser de TMZ apareció en el foro tratando de comprar las imágenes y desde la plataforma se propuso un crowdfunding para que esas imágenes se filtraran sólo por 4Chan. Ni qué decir que la iniciativa tuvo un éxito inmediato y el hacker reunió en minutos los 50.000 dólares que pedía.

El asunto, sin embargo, no quedó ahí zanjado. Mientras en Reddit se eliminaron las imágenes más comprometidas –muchos lamentaron que un site que condena el espionaje de la NSA hiciera la vista gorda con fotografías robadas–, en 4Chan aparecieron las imágenes de Lawrence como Dios la trajo al mundo. Y también las primeras declaraciones: Victoria Justice negó desde su cuenta de Twitter que fuera ella la protagonista de esas imágenes, pero Mary Elizabeth Winstead sí reconoció que las fotos no sólo eran suyas, sino que las había eliminado de su dispositivo mucho tiempo atrás. Tras la cena, el celebgate llegó a su clímax cuando cayó por un momento 4Chan al convertirse Jennifer Lawrence, muy a su pesar, en trending topic mundial, y esta mañana las imágenes robadas titulaban los diarios de medio mundo. A cierre de estas líneas, el hilo del celebgate de 4Chan sigue vivo y lleva ya más de 5,6 millones de comentarios.

Lo que perdemos con cada foto de una famosa desnuda – El País.com (España)

Cuando se filtra la imagen de una famosa desnuda, la instantánea recorre Internet como la pólvora. Miles de personas la comparten, cientos de páginas la cuelgan. Hay quien, tras conocer de su existencia, la busca y quien simplemente se topa con ella al abrir Twitter. No se puede eliminar. No hay margen para la reacción. En el momento en el que existe ya es demasiado tarde. A veces se encuentra al culpable pero, ¿qué más da? El mal ya estará hecho. Millones de personas han violado la intimidad de la protagonista de la foto.

Y eso es solo en un nivel técnico. En planos más abstractos, cada foto nueva ayuda a asentar un nuevo ritual cibernético. El público escucha del infame robo, lo asimila como parte de un género de noticias parecidas que han ido saliendo en los últimos años, y reacciona según le parece. Unos se suman al circo público de escandalizarse y otros, a la carrera privada por encontrar las imágenes. Ninguna de estas opciones es grave. O no tanto como la normalización de este tipo de violaciones de la intimidad. Detrás de ella va la cosificación de artistas que, sí, trabajan con su cuerpo pero también con su talento. Y la confirmación de que en el mercado de los desnudos, las menos protegidas son las mujeres. Va, en definitiva, un mundo un poco peor.

El caso que se ha conocido hoy ha sido espectacular. Un hacker ha accedido a un centenar de teléfonos móviles de celebridades. El domingo por la tarde, el pirata en cuestión colgó decenas de fotografías privadas en el foro 4chan de una veintena de famosas, entre otras, las actrices Jennifer Lawrence y Kirsten Dunst o la cantante Ariana Grande.

La protagonista de Los juegos del hambre es, probablemente, la más perjudicada por la filtración ya que sus imágenes, codiciadas desde hacía años, han sido de las más compartidas y comentadas. El hacker ha afirmado que tiene un vídeo explícito y unas 60 imágenes del teléfono de la intérprete que aún no ha publicado. El ladrón también difundió una lista con los nombres de las famosas afectadas, todas mujeres. Entre ellas: Kim Kardashian, Rihanna o Kaley Cuoco la protagonista femenina de Big bang.

Los representantes de Lawrence han confirmado la autenticidad de las imágenes. “Se trata de una violación flagrante de la privacidad", han matizado a la web BuzzFeed. "Nos hemos puesto en contacto con las autoridades y se va a procesar a cualquiera que cuelgue las fotos robadas”. Sin embargo, un portavoz de Ariana Grande ha declarado que sus imágenes son “completamente falsas”. La actriz Mary E. Winstead (Abraham Lincoln cazador de vampiros) reconocía en Twitter que las imágenes que publicaron de ella las había borrado hace tiempo. “A todos aquellos que estáis mirando las fotos que me saqué con mi marido hace años en la intimidad de mi casa, espero que os sintáis genial con vosotros mismos”, ha tuiteado.

Pero sentir culpa, u obligar a los demás a sentirse culpables, nunca ha solucionado nada. No es cuestión de prohibir el visionado de las fotos, ni de imponer o censurar alguna conducta en el público no responsable del robo. Es cuestión de entender al menos el mundo que va naciendo con cada clic y cada filtración. En 2012 el hacker Christopher Chaney fue condenado a diez años de cárcel por filtrar imágenes privadas de Scarlett Johansson y Mila Kunis, entre otras. En aquel momento el asunto fue un cotilleo rayano en el escándalo. Ahora, es una anécdota; un paso más en el camino. La misma que será esta filtración, cabe inferir, cuando suceda lo siguiente. Estas fotos, al y fin y al cabo, se venden y las leyes del mercado imponen que hay que ir a más para cobrar más.

No es un problema solo de famosos. Es un problema de principios. En el incidente de 2012, Johansson proclamó: "Solo por ser actor y hacer películas no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia privacidad". Pero en un mundo que ya intuye hasta dónde puede llegar el espionaje de la NSA, que ya ha sido manipulado por Facebook, y que ya ha cedido el control de que lo sucede en sus dispositivos, el adagio no tardará en ser: "Solo por ser internauta y hacer fotos no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia intimidad". Cada vez que se roba una foto de una famosa desnuda, el valor de nuestra imagen se pierde un poquito más.

A la misma hora en la que ayer el Real Madrid tropezaba en Anoeta, los tuiteros más avezados alertaron de que en 4Chan prometían una tarde histórica: desde el salvaje foro /b/, donde se suben perversiones y rarezas que uno jamás creería, se estaban filtrando imágenes hackeadas de Jennifer Lawrence, Kristen Dunst o Kate Upton, todas ellas en bañador, toples y posturas para mayores de 18 años.

El anónimo que filtraba las fotografías supuestamente pedía a cambio bitcoins y para animar a los congregados anunció que tenía entre 200 y 300 imágenes de celebrities desnudas. No fue difícil convencerlos, pero como señuelo, otro más, publicó un listado con los nombres de todas ellas: Lawrence, Ariana Grande, Mary Elizabeth Winstead, Olivia Munn, Brie Larson Kaley Cuocu, Mary-Kate Olsen, Rihanna… Y así comenzó a filtrar según la demanda y según, supuestamente, iba recibiendo bitcoins en su todavía hoy anónima cuenta.

La cadena viral se expandió gracias a la correa de transmisión de Imgur y de ahí saltaron a Reddit. Y a medida que en 4Chan se iban borrando los hilos en los que se posteaban las fotos, los usuarios de esas dos páginas se encargaron de que las imágenes no se perdieran. Del mismo modo, en Forocoches se pusieron las botas replicando cada una de las filtraciones y sobre las ocho de la tarde el clamor era tal que el hilo en Twitter acerca de este estremecedor incidente explotó: una hora más tarde un usuario que dijo de ser de TMZ apareció en el foro tratando de comprar las imágenes y desde la plataforma se propuso un crowdfunding para que esas imágenes se filtraran sólo por 4Chan. Ni qué decir que la iniciativa tuvo un éxito inmediato y el hacker reunió en minutos los 50.000 dólares que pedía.

El asunto, sin embargo, no quedó ahí zanjado. Mientras en Reddit se eliminaron las imágenes más comprometidas –muchos lamentaron que un site que condena el espionaje de la NSA hiciera la vista gorda con fotografías robadas–, en 4Chan aparecieron las imágenes de Lawrence como Dios la trajo al mundo. Y también las primeras declaraciones: Victoria Justice negó desde su cuenta de Twitter que fuera ella la protagonista de esas imágenes, pero Mary Elizabeth Winstead sí reconoció que las fotos no sólo eran suyas, sino que las había eliminado de su dispositivo mucho tiempo atrás. Tras la cena, el celebgate llegó a su clímax cuando cayó por un momento 4Chan al convertirse Jennifer Lawrence, muy a su pesar, en trending topic mundial, y esta mañana las imágenes robadas titulaban los diarios de medio mundo. A cierre de estas líneas, el hilo del celebgate de 4Chan sigue vivo y lleva ya más de 5,6 millones de comentarios.

Lo que perdemos con cada foto de una famosa desnuda – El País.com (España)

Cuando se filtra la imagen de una famosa desnuda, la instantánea recorre Internet como la pólvora. Miles de personas la comparten, cientos de páginas la cuelgan. Hay quien, tras conocer de su existencia, la busca y quien simplemente se topa con ella al abrir Twitter. No se puede eliminar. No hay margen para la reacción. En el momento en el que existe ya es demasiado tarde. A veces se encuentra al culpable pero, ¿qué más da? El mal ya estará hecho. Millones de personas han violado la intimidad de la protagonista de la foto.

Y eso es solo en un nivel técnico. En planos más abstractos, cada foto nueva ayuda a asentar un nuevo ritual cibernético. El público escucha del infame robo, lo asimila como parte de un género de noticias parecidas que han ido saliendo en los últimos años, y reacciona según le parece. Unos se suman al circo público de escandalizarse y otros, a la carrera privada por encontrar las imágenes. Ninguna de estas opciones es grave. O no tanto como la normalización de este tipo de violaciones de la intimidad. Detrás de ella va la cosificación de artistas que, sí, trabajan con su cuerpo pero también con su talento. Y la confirmación de que en el mercado de los desnudos, las menos protegidas son las mujeres. Va, en definitiva, un mundo un poco peor.

El caso que se ha conocido hoy ha sido espectacular. Un hacker ha accedido a un centenar de teléfonos móviles de celebridades. El domingo por la tarde, el pirata en cuestión colgó decenas de fotografías privadas en el foro 4chan de una veintena de famosas, entre otras, las actrices Jennifer Lawrence y Kirsten Dunst o la cantante Ariana Grande.

La protagonista de Los juegos del hambre es, probablemente, la más perjudicada por la filtración ya que sus imágenes, codiciadas desde hacía años, han sido de las más compartidas y comentadas. El hacker ha afirmado que tiene un vídeo explícito y unas 60 imágenes del teléfono de la intérprete que aún no ha publicado. El ladrón también difundió una lista con los nombres de las famosas afectadas, todas mujeres. Entre ellas: Kim Kardashian, Rihanna o Kaley Cuoco la protagonista femenina de Big bang.

Los representantes de Lawrence han confirmado la autenticidad de las imágenes. “Se trata de una violación flagrante de la privacidad", han matizado a la web BuzzFeed. "Nos hemos puesto en contacto con las autoridades y se va a procesar a cualquiera que cuelgue las fotos robadas”. Sin embargo, un portavoz de Ariana Grande ha declarado que sus imágenes son “completamente falsas”. La actriz Mary E. Winstead (Abraham Lincoln cazador de vampiros) reconocía en Twitter que las imágenes que publicaron de ella las había borrado hace tiempo. “A todos aquellos que estáis mirando las fotos que me saqué con mi marido hace años en la intimidad de mi casa, espero que os sintáis genial con vosotros mismos”, ha tuiteado.

Pero sentir culpa, u obligar a los demás a sentirse culpables, nunca ha solucionado nada. No es cuestión de prohibir el visionado de las fotos, ni de imponer o censurar alguna conducta en el público no responsable del robo. Es cuestión de entender al menos el mundo que va naciendo con cada clic y cada filtración. En 2012 el hacker Christopher Chaney fue condenado a diez años de cárcel por filtrar imágenes privadas de Scarlett Johansson y Mila Kunis, entre otras. En aquel momento el asunto fue un cotilleo rayano en el escándalo. Ahora, es una anécdota; un paso más en el camino. La misma que será esta filtración, cabe inferir, cuando suceda lo siguiente. Estas fotos, al y fin y al cabo, se venden y las leyes del mercado imponen que hay que ir a más para cobrar más.

No es un problema solo de famosos. Es un problema de principios. En el incidente de 2012, Johansson proclamó: "Solo por ser actor y hacer películas no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia privacidad". Pero en un mundo que ya intuye hasta dónde puede llegar el espionaje de la NSA, que ya ha sido manipulado por Facebook, y que ya ha cedido el control de que lo sucede en sus dispositivos, el adagio no tardará en ser: "Solo por ser internauta y hacer fotos no quiere decir que no tengas derecho a tener tu propia intimidad". Cada vez que se roba una foto de una famosa desnuda, el valor de nuestra imagen se pierde un poquito más.

A la misma hora en la que ayer el Real Madrid tropezaba en Anoeta, los tuiteros más avezados alertaron de que en 4Chan prometían una tarde histórica: desde el salvaje foro /b/, donde se suben perversiones y rarezas que uno jamás creería, se estaban filtrando imágenes hackeadas de Jennifer Lawrence, Kristen Dunst o Kate Upton, todas ellas en bañador, toples y posturas para mayores de 18 años.

El anónimo que filtraba las fotografías supuestamente pedía a cambio bitcoins y para animar a los congregados anunció que tenía entre 200 y 300 imágenes de celebrities desnudas. No fue difícil convencerlos, pero como señuelo, otro más, publicó un listado con los nombres de todas ellas: Lawrence, Ariana Grande, Mary Elizabeth Winstead, Olivia Munn, Brie Larson Kaley Cuocu, Mary-Kate Olsen, Rihanna… Y así comenzó a filtrar según la demanda y según, supuestamente, iba recibiendo bitcoins en su todavía hoy anónima cuenta.

La cadena viral se expandió gracias a la correa de transmisión de Imgur y de ahí saltaron a Reddit. Y a medida que en 4Chan se iban borrando los hilos en los que se posteaban las fotos, los usuarios de esas dos páginas se encargaron de que las imágenes no se perdieran. Del mismo modo, en Forocoches se pusieron las botas replicando cada una de las filtraciones y sobre las ocho de la tarde el clamor era tal que el hilo en Twitter acerca de este estremecedor incidente explotó: una hora más tarde un usuario que dijo de ser de TMZ apareció en el foro tratando de comprar las imágenes y desde la plataforma se propuso un crowdfunding para que esas imágenes se filtraran sólo por 4Chan. Ni qué decir que la iniciativa tuvo un éxito inmediato y el hacker reunió en minutos los 50.000 dólares que pedía.

El asunto, sin embargo, no quedó ahí zanjado. Mientras en Reddit se eliminaron las imágenes más comprometidas –muchos lamentaron que un site que condena el espionaje de la NSA hiciera la vista gorda con fotografías robadas–, en 4Chan aparecieron las imágenes de Lawrence como Dios la trajo al mundo. Y también las primeras declaraciones: Victoria Justice negó desde su cuenta de Twitter que fuera ella la protagonista de esas imágenes, pero Mary Elizabeth Winstead sí reconoció que las fotos no sólo eran suyas, sino que las había eliminado de su dispositivo mucho tiempo atrás. Tras la cena, el celebgate llegó a su clímax cuando cayó por un momento 4Chan al convertirse Jennifer Lawrence, muy a su pesar, en trending topic mundial, y esta mañana las imágenes robadas titulaban los diarios de medio mundo. A cierre de estas líneas, el hilo del celebgate de 4Chan sigue vivo y lleva ya más de 5,6 millones de comentarios.